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“El cuidado no es un mandato femenino, es una responsabilidad social”: Marta Ferreyra

Hay que reconocer, reducir y redistribuir el trabajo que sostiene la vida, que hoy depende casi por completo de mujeres y niñas.

   Noticias C3
   04 de septiembre de 2025

El nuevo ciclo del Seminario de Investigación Cuidados para la Vida y el Bien Común del Centro de Ciencias de la Complejidad (C3) de la UNAM inició con un llamado por parte de Marta Clara Ferreyra Beltrán, de Instituto Nacional de las Mujeres (INMUJERES), para replantear las bases culturales, políticas y económicas que sostienen la desigualdad de género.

En su charla titulada “Cuidados y una nueva ética para una nueva era”, Ferreyra planteó que el cuidado es el motor de la transformación social y un derecho humano fundamental que debe ser reconocido, redistribuido y reducido en su actual carga desigual sobre las mujeres.

De hecho, las mujeres fueron las primeras en poner en el centro de la reflexión la importancia del cuidado no sólo como una tarea doméstica o individual, sino como principio rector de nuevos modelos de ciudadanía, economía, política y cultura.

Ferreyra es profesora de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM y especialista en temas de igualdad y erradicación de la discriminación. Sus líneas de investigación tocan temas vinculados con la ética, la antropología, la sociología y la economía de los cuidados. Es colaboradora del Centro de Investigaciones y Estudios de Género (CIEG) de la UNAM y fue Directora General de la Política Nacional de Igualdad y Derechos de las Mujeres del Instituto Nacional de las Mujeres (INMUJERES).

Siguiendo las ideas de Pierre Bourdieu y Judith Butler, Ferreyra subrayó que la realidad social se construye colectivamente y que su transformación requiere cambios tanto materiales como simbólicos. “El orden de género se sostiene también en el orden simbólico”, advirtió, de manera que no basta con modificar leyes o políticas: es necesario cambiar las ideas y creencias que naturalizan la desigualdad.

   Crisis de cuidados

La ex presidenta de Inmujeres, Nadine Gasman, envió un mensaje previo a la ponencia, en el que reconoció que la pandemia por COVID-19 hizo más visibles las brechas de desigualdad en el trabajo de cuidados. “Se puso en el centro del debate la falta de reconocimiento y la precarización laboral en este sector”, afirmó.

Ferreyra coincidió en que la emergencia sanitaria mostró que los cuidados son esenciales para sostener la vida y que su actual distribución, que recae mayoritariamente en mujeres y niñas, es insostenible.

Pero más allá de la pandemia, uno de los principales retos, apuntó Ferreira, es romper con la naturalización que hace que muchas mujeres ni siquiera identifiquen el valor de su trabajo de cuidado. “Está tan incorporado en la construcción de la feminidad que las mujeres se definen a sí mismas a partir de su capacidad de cuidar”, explicó.

Esto, dijo, forma parte de una violencia simbólica que se transmite desde la infancia y que limita los proyectos de vida de mujeres y niñas. La consecuencia es una sobrecarga de trabajo que deja poco espacio para el desarrollo personal, la educación, el descanso o la participación política.

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Un ejemplo es la experiencia de Bogotá, donde incluso con la implementación de “manzanas de cuidado”, espacios comunitarios con guarderías y lavanderías, muchas mujeres no utilizaban los servicios porque sentían que cuidar era “su responsabilidad”.

Ferreyra señaló que el capitalismo financiero actual reduce el papel del Estado y traslada la responsabilidad del cuidado al ámbito privado, lo cual genera una “crisis de cuidados”.

En ella, las mujeres son impulsadas al mercado laboral en nombre de la autonomía, pero sin que existan soluciones sociales para redistribuir las tareas de cuidado. Las que pueden pagan a otras mujeres, a menudo migrantes o en situación de mayor precariedad, para que las sustituyan, reproduciendo desigualdades de clase y origen.

Según datos de la Encuesta Nacional de Uso del Tiempo (INEGI), en México hay 14 millones de niñas y niños de 0 a 6 años. De ellos, un 25% acompaña a sus madres a su lugar de trabajo por falta de servicios de cuidado; y otro 25% es cuidado por abuelas, muchas de ellas aún en edad productiva.

“Así resuelven millones de mujeres el tema de los cuidados cada día, con los hijos bajo el escritorio o en brazos, o confiándolos a familiares que también ven limitada su autonomía”, lamentó.

   Reconocer, reducir y redistribuir

En recorridos por distintas regiones del país, INMUJERES ha identificado que las mujeres priorizan tres demandas urgentes: erradicar la violencia de género; acceder a empleos formales y con derechos; y resolver con calidad y seguridad el cuidado de personas dependientes. Estas tres problemáticas están interconectadas y requieren políticas públicas integrales.

Por lo tanto, dijo Ferreyra, es necesario un Sistema Nacional de Cuidados en México con un enfoque feminista que articule los servicios existentes y genere políticas públicas incluyentes y sostenibles. Básicamente, se requiere un sistema que coloque en el centro la libertad en el uso del tiempo de las mujeres y cuestione el orden de género y la división sexual del trabajo.

Entre sus ejes se incluyen las tres R: Reconocer el valor económico y social del cuidado; Reducir la carga desigual que recae sobre las mujeres; Redistribuir las responsabilidades entre Estado, mercado, comunidad y hogares, incluyendo a hombres y niños.

Esto, dijo la académica, no solo beneficiaría a las mujeres, sino que podría tener un efecto pacificador en hogares y comunidades, al fomentar relaciones más equitativas y corresponsables.

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Ferreyra advirtió que uno de los mayores retos es cultural: imaginar y construir un mundo en el que no existan mandatos de género rígidos y donde todas las personas se asuman como cuidadoras.

“No se trata de abandonar el cuidado, sino de que no sea la única base de identidad de las mujeres. Debemos romper con los hábitos de género que reproducen desigualdades y avanzar hacia modelos que sostengan la vida de manera colectiva”. Y concluyó: “Vivimos porque nos cuidan, y tarde o temprano todos necesitaremos de otros. El cuidado es una responsabilidad social, no un mandato femenino”.

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